El pasado jueves 19 de marzo el Cine Doré de Filmoteca Española acogió, como parte del programa de EducaFilmoteca 2025-26 que desarrolla Platino EDUCA, una proyección especial de El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973) para centros educativos de la Comunidad de Madrid. Los asistentes a esta sesión tuvieron el privilegio de contar con la presencia del director y coguionista de la película, Víctor Erice. El cineasta vizcaíno, responsable de obras maestras de nuestra cinematografía como El sur (1983), presentó la película y tuvo una conversación con los estudiantes.
Aprovechando el encuentro con Erice, Platino EDUCA quiso plantearle tres preguntas sobre el presente y el futuro del cine.
PLATINO EDUCA: ¿Crees que la escuela puede ser una ventana, incluso un refugio para acercarse al arte cinematográfico?
VICTOR ERICE: Si se tratara de una escuela al alcance de toda la ciudadanía, formando parte de una educación verdadera, desde luego que sí. Máxime en un país como el nuestro, donde el arte ha sido expulsado de la enseñanza pública. No debería constituir un recurso único. Tampoco llegar a convertirse en un refugio. El arte entraña una experiencia vital. Y el del cine, lo que hoy pueda quedar de él, de igual modo. Frente a toda clase de adversidad, de limitación o censura, debería animar a resistir.
PE: El espíritu de la colmena muestra el efecto cautivador que el cine puede tener en la imaginación, particularmente en la de un niño. ¿Sigues creyendo en la capacidad del cine de ampliar nuestra sensibilidad, nuestro intelecto… nuestra vida, en definitiva?
VE: Creo en esa capacidad. La tiene desde su nacimiento. Otra cosa, distinta, es aquello en lo que, a través del Audiovisual, se han convertido la mayoría de las películas que se producen: en un entretenimiento de masas a escala planetaria. Afortunadamente, hay también películas que se enfrentan a ese régimen de ocupación.
PE: Estamos asistiendo al surgimiento de las primeras ficciones audiovisuales creadas íntegramente con inteligencia artificial. ¿Crees necesario reivindicar el valor insustituible del cine como registro y testimonio de personas, lugares y momentos que han existido realmente?
VE: Sí, porque el cine es, entre otras cosas, memoria. Nació como ventana abierta al mundo, capaz, como ningún otro lenguaje conocido, de capturar las apariencias de la realidad: el rostro de las gentes, el movimiento, la palabra, el espacio y el tiempo. Hay que reivindicar su auténtica naturaleza, su valor original extraordinario cuando, dotados de una capacidad de manipulación casi absoluta de las imágenes, caminamos vertiginosamente hacia la abstracción, hacia lo virtual.
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