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Libertad creativa: el cine como espacio de expresión y aprendizaje
Publicado el 28/09/2026
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Desde hace más de 25 años trabajo con niños y niñas en diversos talleres y proyectos de creatividad, además de impartir cursos en la Facultad Padre Ossó de la Universidad Oviedo para estudiantes del Grado de Educación, donde comparto con estos recursos creativos y artísticos para que puedan utilizarlos y adaptarlos a su trabajo en el aula.

Siendo artista plástica y escénica, mi relación con el cine viene de mi propia experiencia profesional en ese medio. Trabajé como regidora de arte en una serie de Televisión de Galicia (TVG) y he realizado diferentes trabajos relacionados con el cine y el audiovisual: desde elaborar máscaras para la película El orfanato, de J. A. Bayona, hasta participar en la organización del Festival Internacional de Cine de Comedia de Peñíscola, además de varios trabajos de interpretación en anuncios, videoclips y otros proyectos audiovisuales.

No he desarrollado el grueso de mi carrera profesional dentro del cine, sino que mi recorrido principal ha estado vinculado a las artes plásticas, las artes escénicas y la educación, siempre de manera paralela. Dicho esto, haber podido entrar y salir del audiovisual desde lugares muy diferentes me ha permitido conocer la importancia de varios de los oficios que intervienen en él: dirección de arte, atrezzo, vestuario, interpretación, producción y todo lo que tiene que ver con la preparación de un proyecto y su rodaje. Esa experiencia ha influido mucho en mi manera de trabajar posteriormente con niños y niñas, pues he entendido el cine como una creación colectiva en la que son necesarias muchas miradas diferentes.

En los últimos años he empezado a incorporar el cine también a mi trabajo educativo. Llevaba mucho tiempo utilizando el teatro y las artes plásticas, y me di cuenta de que a través del cortometraje podía reunir gran parte de esos lenguajes y, al mismo tiempo, trabajar de una manera más directa temas como la convivencia, la resolución de conflictos, la empatía, el respeto o los derechos humanos.

La ficción permite llevar una situación a unos personajes, cambiar papeles, imaginar otras respuestas y entender una misma situación desde lugares diferentes. Podemos representar, por ejemplo, un conflicto que está sucediendo en la vida cotidiana sin señalar directamente a nadie, modificarlo y preguntarnos qué pasaría si uno de los personajes reaccionara de otra manera. Esto ayuda a ponerse en el lugar de los demás y también a mirar una situación desde la distancia.

Además de trabajar con la ficción y realizar cortometrajes, en algunos proyectos también he utilizado el audiovisual desde un enfoque más documental, grabando testimonios sobre distintas realidades en contextos sociales. En esos casos me interesa que sean los propios niños y niñas quienes puedan contar su experiencia y acercarnos a esas realidades desde su propia voz.

Para empezar a crear una ficción podemos partir de una idea, un objeto, un tema, una época, una imagen, un género cinematográfico o algo que esté ocurriendo en el propio grupo. Improvisamos, creamos personajes, dibujamos y poco a poco vamos dando forma a la historia entre todos y todas.

La improvisación es muy importante en esta primera parte. Antes de decidir definitivamente cómo va a ser una historia, me gusta probarla. Un personaje puede caminar, hablar, relacionarse con otro personaje y cambiar por completo respecto a como lo habíamos imaginado inicialmente. Muchas veces las ideas aparecen precisamente al hacer, sin más.

En algunos proyectos relacionados con la convivencia, los derechos humanos o la resolución de conflictos he utilizado también dinámicas del teatro y, particularmente, del Teatro del Oprimido. Podemos representar una situación, observar qué está ocurriendo, cambiar los papeles y probar. El audiovisual permite después transformar parte de ese proceso en una narración, y es aquí cuando aparece el pensamiento crítico.

El cine permite que los niños y las niñas empiecen a descubrir que las imágenes se construyen. Se trata de aprender a mirar y a observar.

Una vez la historia empieza a tomar forma, organizamos el trabajo y las tareas. Quién interpreta, quién dirige, quién se ocupa del vestuario, de los objetos, del decorado, etc. Para mí es crucial que todos encuentren su sitio y que entiendan que «las pelis» no las hacen (solo) los salen delante de la cámara.

Por ello no doy más importancia a la interpretación que al resto de las funciones. Hay quien quiere actuar desde el primer momento; otros, todo lo contrario: no quieren aparecer delante de una cámara. Alguien puede descubrir que le interesa más dibujar el storyboard, pensar un vestuario, construir un objeto, encargarse de organizar el decorado, ayudar en una escena con el guión a alguien que se haya atascado… He llegado incorporar funciones como la de la crítica de cine o del propio público.

Me interesa especialmente que puedan descubrir las muchas maneras que hay de formar parte de una creación. Esto, además, tiene que ver con el abanico de contextos diferentes en los que he trabajado: centros públicos ordinarios, educación especial, espacios con realidades sociales y culturales complejas… La forma de trabajar se adapta siempre a cada grupo. Hay que observar qué está pasando, desde dónde podemos empezar y cómo avanzar.

No todas las personas tienen que participar de la misma manera. Para mí inclusión significa también permitir diferentes formas de estar dentro de un proceso creativo. Una persona puede sentirse cómoda interpretando; otra quizá necesite observar durante más tiempo y luego decidirse a actuar.

Cuando la historia ya está más definida, doy bastante importancia al storyboard, a la organización de las escenas y al plan de rodaje. La función de los dibujos es ayudarnos a pensar. Y es aquí donde vienen las preguntas:

¿Qué queremos ver?

¿Quién aparece en el plano?

¿Qué ocurre antes y después?

¿Podemos contar algo con una imagen sin necesidad de usar palabras?


Es un momento en el que la idea colectiva empieza a adquirir una forma visual. Organizar también forma parte del acto de crear.

Trabajamos con muy pocos medios. Reciclamos materiales, reutilizamos objetos y transformamos lo que tenemos a mano. No considero esa falta de recursos una desventaja. Una tela puede convertirse en vestuario o decorado; una caja puede transformarse en un objeto completamente diferente; un rincón del espacio puede representar otro país o incluso otra época. Lo importante es qué somos capaces de imaginar en grupo con aquello que tenemos.

Esa transformación está muy relacionada con mi trabajo plástico. Me interesa que los niños y las niñas aprendan a jugar con la estética de los cortometrajes, con los objetos, el espacio y el color, y que entiendan cómo todo ello ayuda a narrar en imágenes.

El audiovisual nos permite viajar sin salir del aula. He trabajado con contextos históricos y literarios como los de Shakespeare o el Siglo de Oro, y también hemos viajado simbólicamente a Marruecos, Egipto, Inglaterra, Madagascar. El grupo investiga, imagina y termina construyendo otra realidad con sus propios recursos.

Los géneros cinematográficos ofrecen otro terreno enorme para experimentar; la comedia y el terror suelen tener mayor aceptación. Reconocer los códigos de un género permite después jugar con ellos, mezclarlos o modificarlos.

Dentro del programa MUS-E de la Fundación Yehudi Menuhin he realizado más de treinta cortometrajes con grupos muy diferentes. Llegué a organizar un pequeño festival de cine en uno de los centros, con varios pases durante una mañana lectiva. Ser testigo de cómo se reconocían en la pantalla y cómo miraban los cortometrajes de sus compañeros y compañeras fue algo especial. Todo lo que había ocurrido antes, imaginar, organizarse, escuchar, esperar, negociar, equivocarse y resolver problemas, estaba allí muy presente.

La presentación en público forma parte del aprendizaje. No se trata solo de grabar, sino también de comprender qué ocurre cuando una creación llega a otras personas y qué lugar ocupa el público.

Otro contexto muy diferente son los talleres de verano que he realizado para el Concello de Cervo, en Galicia. Allí trabajo con niños y niñas a partir de diferentes lenguajes artísticos, y también hemos realizado varios cortometrajes. El verano permite otro ritmo: probar cosas nuevas y descubrir intereses que quizá no sabían que tenían.

También he impartido talleres para programas educativos de Laboral Ciudad de la Cultura, en Gijón, incorporando el audiovisual junto a otras herramientas artísticas.

En todas esas experiencias, lo más importante para mí ha sido el proceso, lo que sucede mientras se crea. Cómo una idea pequeña empieza a crecer al encontrarse con las ideas de los demás. Organizar un grupo y ver cómo una idea inicial termina convirtiéndose en una creación compartida

También considero fundamental reflexionar sobre lo realizado, de manera que el alumnado no solamente cree imágenes, sino que también aprenda a percibirlas críticamente. Esto me parece especialmente necesario hoy, cuando los niños y niñas reciben continuamente contenidos audiovisuales. Pasar al otro lado de la cámara les permite comprender que una imagen es el resultado de muchas decisiones. Alguien decide qué se ve, qué no se ve, desde dónde se mira y cómo se construye una determinada representación.

Mi papel durante todo este proceso es acompañar y dirigir cuando es necesario, pero procurando no sustituir la voz del grupo. Quiero que las ideas sigan siendo suyas y que realmente sientan que han formado parte de aquello que estamos haciendo.

Después de todos estos años de aprendizaje y puesta en práctica, lo que busco trasladar a las aulas es un espacio de libertad creativa donde cada niño y cada niña pueda expresarse, participar y encontrar su propia forma de aportar. Donde equivocarse forme parte del proceso y haya muchas maneras posibles de participar. Donde las diversidades dentro del grupo puedan convertirse también en posibilidades creativas.

El cine me permite reunir imagen, palabra, cuerpo, interpretación, artes plásticas, objetos, espacio, narración y trabajo colectivo. Pero, sobre todo, permite hacer algo que para mí está en el centro de la educación artística: imaginar y jugar a crear.


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