El documental Frágil equilibrio desarrolla una premisa conceptual muy clara: realizar un retrato de la especie humana en el mundo contemporáneo. Guillermo Galoe pone el foco en la esencia humana, la lucha por la vida en el sentido más amplio de la palabra, a través de tres historias que ocurren en Marruecos, España y Japón, unidas por el discurso humanista del político y floricultor uruguayo Pepe Mujica.
La película traza un viaje que empieza en África y termina en Japón. Se trata de un recorrido paradójico que lleva desde la pobreza más extrema a la riqueza, al mismo tiempo que va desde la vida, en su estado más puro, a la pérdida total de su sentido. Este doble camino de Frágil equilibrio nos enfrenta a la verdad del sistema capitalista en el que nos encontramos inmersos. La sociedad global se rige por la economía de mercado, y su objetivo principal es la obtención de dinero, mucho más del necesario, haciendo creer que la felicidad está en la adquisición de bienes materiales, sin importar las consecuencias. El propio viaje del espectador a través de la película lo coloca en la posición del migrante. Así, Galoe nos recuerda que todas las personas, como miembros iguales de la humanidad, debemos participar en la búsqueda de soluciones a los problemas de la sociedad actual.
Para trasladar la realidad global, el director utiliza un collage audiovisual que mezcla imágenes, sonidos, texturas, espacios, melodías, etc. La película se rodó en muchos puntos del planeta, lo que implicó una detallada planificación tecnológica con las diferentes cámaras y formatos para conseguir la unidad conceptual y formal dentro del puzle de la gran historia.
De igual forma, cada uno de los elementos cinematográficos siguen la misma idea de diversidad unida bajo un mismo objetivo. La fotografía plantea un contrapunto constante entre lo vivo y lo humano (planos de rostros, manos, naturaleza), y espacios construidos (o destruidos) por el hombre (edificios, infraestructuras civiles). En cuanto a la parte sonora, tanto el sonido directo como la mezcla construyen un diseño con multitud de capas que se unen orgánicamente a la música. El montaje de Frágil equilibrio articula meticulosamente la gran cantidad de piezas, consiguiendo que el público circule por la historia global, por las pequeñas historias y por las ideas sin tropiezos. La construcción formal de Frágil equilibrio difumina la frontera entre el documental, como registro de la realidad, y la ficción, como recreación de la misma, porque pone de relieve la visión subjetiva sobre el documento.
La primera mitad de Frágil equilibrio es pesimista. La crudeza de la realidad parece no tener salida. Las imágenes de los sistemas de vigilancia de la valla, de los desahucios y de los suicidios en las vías del metro de Tokio no dan lugar a la esperanza. No obstante, poco a poco, y pese a la evidente injusticia, los personajes consiguen abrirse camino por su capacidad de resiliencia. Hacia el final, es el discurso profundamente vitalista del expresidente el que guía la película al optimismo. Mujica incide en la búsqueda de una salida constructiva para la especie humana y el planeta, habla del amor, la solidaridad, la libertad, la democracia hasta cerrar el círculo en la propia vida, en la lucha vital como respuesta.
Frágil equilibrio se puede trabajar con alumnos de Secundaria y Bachillerato, es decir edades comprendidas entre los 12 y los 18 años, en las asignaturas de Filosofía, Historia, Valores éticos y Cultura audiovisual. También es muy recomendable para los alumnos universitarios de estudios en Ciencias Sociales, Humanidades y Artes.